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Interacción social con la excusa de la ciencia.
El caso de los alimentos genéticamente modificados.
per Juanjo Cáceres
dimecres 21 de gener de 2004.
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Texto presentado en el IX Congreso de Antropología de la FAAEE. Barcelona, 2002



Consideración previa

En la presente comunicación voy realizar una aproximación desde la perspectiva de las ciencias sociales al impacto de las aplicaciones agroalimentarias de las biotecnologías en nuestra sociedad. Resulta meritorio y remarcable que en un congreso de Antropología Social se dedique un amplio espacio al estudio de las relaciones entre biotecnología y sociedad, en la medida que demuestra una vez más la sensibilidad de la disciplina hacia situaciones y problemáticas contemporáneas, su disposición a aportar su aparato conceptual y su compromiso a contribuir en su comprensión. Este compromiso, empero, no está exento de escollos. La misma contemporaneidad de los fenómenos, el clima social a que dan lugar y el hecho de que el investigador sea a la vez sujeto y objeto -como individuo de la sociedad investigada- de la investigación, hace difícil conseguir aproximaciones eficaces en la comprensión de los fenómenos sociales actuales y esto es algo que afecta especialmente a todas las disciplinas que se han implicado en la comprensión del rechazo o aceptación social de las nuevas tecnologías aplicadas a la alimentación.

Enfoque

Considerando ese riesgo, se hace preciso buscar por un lado aproximaciones capaces de aportar una reflexión descriptiva y a la vez explicativa de los fenómenos sociales que giran alrededor de las biotecnologías, y por el otro prevenirse ante la presión discursiva de nuestra sociedad. En mi caso he optado por estudiar las formas que cobra la interacción social en el debate sobre las aplicaciones agroalimentarias de las biotecnologías, pues pienso que esa aproximación puede ofrecer un apoyo a la caracterización de los comportamientos sociales vinculados. He seleccionado expresamente el concepto de “interacción social” y no de percepciones o actitudes sociales ante los organismos modificados genéticamente para poner el énfasis, no en el análisis de cuáles son y en que comportamientos se traducen, sino en como se construyen socialmente. No es exagerado decir que las percepciones y las actitudes se generan a partir de una interacción social. Nadie más allá de un número reducido de profesionales sabía apenas nada de las aplicaciones alimentarias de la biotecnología hasta que esa interacción se empezó a producir. Una interacción en la que los protagonistas son agentes surgidos de diferentes ámbitos, interesados en generar una actitud determinada entre la población, cuyos discursos son asimilados -desigualmente, casi siempre parcialmente, a veces combinadamente- y derivan en actitudes concretas. Y esa interacción genera una sinergia que propicia una incorporación creciente a la reflexión sobre la cuestión.

Conviene no olvidar, sin embargo, que el conocimiento de las actitudes públicas respecto a los OGM proviene, no tanto de los intereses suscitados en el mundo académico, como de los propios poderes públicos, mediados por los agentes económicos interesados en su desarrollo. Esos agentes han creído necesario para el desarrollo de estas aplicaciones abordar la comprensión de las actitudes de la ciudadanía frente a los OGM, no como una consulta social o como una captación de intereses sociales, sino como el medio para descubrir fórmulas para que las aplicaciones de esta tecnología puedan desarrollarse más o menos libremente, esto es -siempre para poderes públicos y agentes económicos- sin distorsiones, en una sociedad donde esas nuevas aplicaciones son reconocidas como beneficiosas, extienden todo su potencial sobre el mercado y se concretan en un resultado brillante de la industria con más futuro del siglo XXI. Pero lo cierto es que la intervención de otros actores y el flujo de información generada en los numerosos sistemas de comunicación de que esta sociedad dispone han hecho aparecer todo tipo de distorsiones en el desarrollo de esa tecnología cuando aun eran muy pocos los productos que se encontraban sobre el mercado y aun menos los accesibles al consumo humano. Esa polémica, que progresivamente se fue generando en algunos países europeos, se completó con un freno político en el desarrollo de nuevas aplicaciones, a través de la moratoria de facto impuesta por la Unión Europea.

Vista esta situación, contemplemos pues cuáles son las razones de que la biotecnología sea hoy un objeto de debate social. No pretendo ser innovador, ni siquiera original, pero si realizar trabajo de desbroce que contribuya a orientar la investigación no sólo al análisis de las actitudes y comportamientos sociales, sino también a la observación de los significados que tienen los debates que se generan en torno a ellas, pues sin esa visión las investigaciones en ciencias sociales corren el peligro de no lograr ser más que otro discurso profundamente influenciado por los agentes del debate. Lo cierto es que para las ciencias sociales que abordan el estudio del consumo alimentario la cuestión de los alimentos transgénicos representa una oportunidad de primer orden para desarrollar explicaciones las actitudes sociales, pero no se muestran luego ausentes de problemas para realizar sus aproximaciones a la cuestión. Ello no sólo sucede porque se trate de líneas de investigación aplicadas, que se estimulan desde ámbitos muy concretos, los cuales marcan y delimitan esa aproximación, sino también porque en nuestra llamada "sociedad de la información" las investigaciones presentan una cierta tendencia a incorporar fácilmente elementos generados por los discursos que pretenden abordar y no resultados reales del análisis de esos discursos. La facilidad con que ideas como "miedo de los consumidores" o "creencias en el riesgo cero", por poner dos ejemplos, calan muy a menudo en la interpretación de esos comportamientos, siendo casos flagrantes de conceptualizaciones procedentes de los ámbitos en que se mueven los agentes responsables generadores de discursos, nos da buena prueba de ello. Cuando esa corriente de fondo arrastra a la investigación en ciencias sociales, nos vemos en la necesidad, indicada ya al principio de esta comunicación, de intentar ir más allá, ya no sólo en el sentido de separar muy netamente las representaciones de los discursos sobre las representaciones, sino de generar nuevos conceptos y nuevas explicaciones que abarquen el problema en toda su complejidad y que logren escapar de la presión discursiva en la que todos y cada uno de los individuos que conformamos nuestra sociedad nos vemos inmersos.

Nuevas tecnologías, mercado y democracia

Me parece imprescindible referirse a la biotecnología señalando en primer lugar algunos factores contextualizadores llenos de significado, que caracterizan y diferencian el debate y explican su sentido. El primero de ellos lo constituye el hecho de que hablamos de biotecnología y sociedad en las primeras fases del desarrollo de las aplicaciones derivadas de los conocimientos adquiridos en el campo de la genética. Es una etapa donde la novedad, las expectativas y el desconocimiento empírico sobre los impactos que pueden suponer a diferentes niveles -economía, sociedad, medio ambiente...- marcan con fuerza las reflexiones que se generan. Recuérdese, por otro lado, que la discusión sobre los impactos de las aplicaciones tecnológicas tiene poco de novedoso, ya que las consecuencias de la difusión a gran velocidad de aplicaciones tecnológicas se vienen discutiendo desde los inicios de la industrialización, primero a causa de su impacto sobre la economía y sus repercusiones sociales, y después incorporando nuevas dimensiones -entre las que quizás destaque entre todas ellas su impacto en la degradación del medio ambiente-. Ahora bien, dado que continuamente se generan nuevas disciplinas y nuevas tecnologías, constantemente surgen nuevos debates o se añaden nuevos contenidos a debates preexistentes.

Este elemento de novedad incorpora al debate algunos contenidos específicos. El más remarcable es el discurso trascendente y la proyección futurista. La caracterización de esta etapa como revolucionaria se vuelve recurrente para los agentes dinamizadores del debate y se describen grandes cambios en aspectos esenciales de la identidad humana y la organización social para las décadas venideras [1]. Se percibe un salto tecnológico de tal magnitud, que los detractores de su rápida aplicación cuestionan que exista suficiente capacidad predictiva para calcular sus impactos sobre los seres vivos y los ecosistemas y ello da pie, a contraponer ciencia frente a técnica; precaución frente a producción; análisis reduccionistas frente análisis complejos [2]... Todos estos son en buena medida contenidos propios de la novedad, que pueden irse diluyendo o clarificando a medida que avance el tiempo y los resultados empíricos sustituyan a las predicciones.

El segundo factor viene dado por el espacio concreto donde se desarrollan estas tecnologías, el de los países occidentales -aunque no solamente-, coincidiendo con una fase concreta de desarrollo de las democracias occidentales y también de la economía capitalista. En ese espacio, las aplicaciones derivadas de la ingeniería genética constituyen un elemento de primer orden en el desarrollo tecnológico presente y venidero. Lo son en la medida que la innovación tecnológica sigue siendo y será por mucho tiempo una de las claves objetivas del desarrollo económico [3]. Una innovación científica y tecnológica desarrolladas según la lógica y estrategias propias de las sociedades que las generan, esto es orientada hacia la obtención de nuevas aplicaciones y por lo tanto de nuevos productos que se incorporarán al mercado y en el tejido productivo, pues solo dentro de aquellas pueden obtener su valor económico. Es elemental remarcar esto cuando nos referimos a las aplicaciones alimentarias de las biotecnologías, pues la función económica es prácticamente la base fundamental que gira entorno a la construcción de toda la “interacción social” respecto a los OGM. Una interacción netamente marcada por la doble dimensión que su nombre indica: “producto” -que compite en un mercado junto a otros productos-, “transgénico” -tecnología que lo propicia-. Siendo evidente que la tecnología existe al margen de mercado, las aplicaciones no y por ello, a pesar de que los alimentos transgénicos mueven muchos debates a la vez, no pueden separarse ambas dimensiones en el contexto en que estos se desarrollan. Es la dimensión de producto la que confiere a los alimentos transgénicos la posibilidad de aportar beneficios específicos y de atribuirles riesgos a gran escala, en la medida que es su valor económico el que propicia su capacidad de difusión, de aparecer en el medio ambiente de forma masiva y de ocupar una determinada posición en la escala de producción. Fuera del mercado, todo esto podría no existir, al menos en las mismas condiciones o con la misma intensidad. Y es por su condición de producto y mercancía que interesa y preocupa el papel de los consumidores, no como entidades reflexivas sino como utilizadores de ese producto.

A diferencia del primer factor, generado por la novedad, éste otro es constante y atrae la presencia de consideraciones amplias en el debate, en general de tipo económico y social, esto es, que ritmo marcará el mercado a la difusión de los productos transgénicos, que intensidad, que impacto tendrá sobre las economías nacionales de los países desarrollados y subdesarrollados, si actuará amplificando los riesgos que se atribuyen a los productos, como incidirá en las líneas de investigación relacionadas sobre biotecnología y que tipo de oferta de productos generará. Naturalmente ninguno de estos contenidos son nuevos, sino que proceden de debates preexistentes, producto de una profunda discusión sobre la capacidad del sistema económico de satisfacer las necesidades -no sólo alimentarias- de la humanidad y causada, entre otros factores relevantes, por la constatación de la desigualdad económica internacional o la denuncia de una crisis ecológica global.

Por último, conviene reseñar que a pesar de que el mercado imprime un fuerte ritmo al desarrollo tecnológico y a su difusión, el funcionamiento democrático de las sociedades europeas es un verdadero -es decir, no sólo teórico- factor de regulación -a pesar de la utopía neoliberal y sus concreciones-. En las sociedades democráticas, el consumidor trasciende ese papel hasta convertirse también en ciudadano -consideración ésta demasiado infravalorada, a la vez que despreciada en el análisis de las actitudes del consumidor-, lo cual no sólo le dota de derecho al voto, sino de derecho a la participación social y capacidad real y legítima para incidir en la actividad política desde la acción colectiva. Ello propicia que en los procesos de decisión política, entendida esta como los sistemas por los cuales se dirimen los asuntos públicos, algunas cuestiones pueden sobrepasar ampliamente aquellos marcos de decisión que se tienen por "naturales", como ha sucedido en el caso de los alimentos transgénicos. Cuando hablamos de marcos de decisión naturales, nos referimos a todo el conjunto de protagonistas que tienen asignado un papel de asesoramiento o decisión sobre un tema dado. Para el caso que nos ocupa, nos referiríamos a una estructura de reflexión social específica, que careciendo de forma institucional y por lo tanto fluida y cambiante, erigiría a agentes científicos, económicos y políticos como expertos que han de proveer tanto de los medios para concretar las expectativas, como de mecanismos de gestión de los riesgos que se deriven [4]. He de insistir en que me refiero a una estructura no orgánica, que se constituye mediante la participación de esos agentes. Es un producto de la lógica de la toma de decisiones políticas en nuestra sociedad, la misma que produce reacciones de crítica pública por parte de otros agentes no contemplados en ella. Queda en manos de los sistemas de comunicación social el divulgar información entre la población en general, donde los medios de comunicación ocupan un lugar central y cuya función no es nunca la de ganar legitimidad para la toma de decisiones, sino sólo de explicarlas [5].

Interacción social amplia: el debate social

Cuando hablamos de debate social, nos referimos a aquel debate dirigido a comunicar o inducir posicionamientos ante un tema concreto a través de todo tipo de formas de comunicación pública. En el caso de los alimentos transgénicos, como en cualquier otro, son elementos específicos de nuestras sociedades los que determinan que algunos temas puedan llegar a ser objetos de debate social. Ciertamente no hay objetivamente temas que necesariamente hayan de alcanzar la categoría de debate social, pues en realidad, el debate social no es un elemento universal necesario para la organización de las sociedades sino un componente específico de las sociedades avanzadas de hoy en día. Sin embargo, ello no deja de suceder con mucha frecuencia, en tanto que uno de los aspectos que más caracterizan y diferencian las sociedades del presente es, sin lugar a dudas, en la profusa generación y regeneración de discursos sobre temas muy diversos. Estos discursos se cruzan e interactúan entre ellos formando diferentes debates, algunos de los cuales acaban teniendo una incidencia social muy importante. Ese es el caso de la ciencia y tecnología, que actualmente ocupan crecientes espacios en los debates sociales.

En nuestras sociedades, son pocas de hecho las materias que alcanzan esta categoría. Las responsabilidades reflexivas sobre uno u otro tema están debidamente asignadas a través de aquellas categorías profesionales a las que se las atribuye una capacidad socialmente admitida de actuar sobre las mismas. La “admisión” de esa norma se basa en un tipo de confianza pasiva en los resortes que rigen la organización social. Pasiva y no activa, en la medida que para que sea activa esa confianza ha de ponerse a prueba y son muy pocos los casos en que un individuo pone a prueba la confianza en las estructuras. De ahí que las experiencias donde se producen fisuras en una confianza pasiva, que conducen a una desconfianza igualmente pasiva o activa sean elementos interesantes de analizar, pues es portador de cambios en lo social. Las dimensiones de un debate social no dependen sólo del papel de una de sus partes. Una innovación tecnológica no genera automáticamente un debate social. Se requiere que frente a ella se posicionen un tipo o diferentes tipos de agentes en contra y que interpelen al resto de la sociedad a posicionarse, pero tampoco eso es suficiente. Y es del todo inapropiado incorporar al conjunto de la sociedad a la explicación de las consecuencias de esos debates, mediante consideraciones sobre su falta de conocimiento, su emotividad y la irracionalidad si no tienen ningún protagonismo activo en las mismas. En cambio, a menudo la centralidad de lo económico es una condición para que exista una polémica, así como su capacidad de convertirse en un tema polémico en lo político. Insisto, pues, en que la ingeniería genética sólo da contenido al debate, no lo genera.

Los actores del debate

Son numerosos los grupos de agentes que se han posicionado con fuerza en el debate sobre el papel de la biotecnología aplicada a la alimentación. Cabe destacar que la defensa o crítica de los OGM viene acompañada siempre o casi siempre por argumentos de distinto orden, nunca por argumentos de un único tipo, pero lo cierto es que siempre hay un orden de argumentos alrededor de los cuáles basculan los otros. En primer lugar hay que distinguir aquellos agentes netamente posicionados en el sí o el no, de los que en segunda instancia se incorporan al debate.

En el sí, como principales impulsores de las aplicaciones sociales, los grandes agentes económicos, en particular multinacionales agroquímicas. De acuerdo con las reglas económicas que rigen mundialmente la producción alimentaria, claramente orientadas al incremento de la productividad, y las reglamentaciones sobre patentes, el desarrollo de productos mediante tecnología genética ofrecen soluciones al aumento de la producción de alimentos, ya sea porque son variedades más productivas, ya sea porque incorporan propiedades para crecer en suelos donde hasta el momento la agricultura no era posible. Unos beneficios que se ponen en relación con los problemas de hambre y nutrición y con el incremento demográfico futuro. Junto a este mensaje dominante, aparecen numerosos mensajes complementarios, muchos de ellos surgidos de la réplica a otros agentes, como la ausencia de riesgos.

En el no, son los movimientos sociales los que se posicionan netamente. Dos ideas aparecen también como dominantes: las repercusiones ecológico-sanitarias de la difusión de nuevas aplicaciones con efectos desconocidos en un contexto que ya se describe como de crisis ecológica global y la crítica del desarrollo socioeconómico hegemónico. Igualmente junto a este mensaje dominante aparecen muchos otros complementarios.

Es a través del desarrollo de estas dos posiciones básicas que se incorporan el resto de los agentes implicados actualmente en la materia. Los primeros en llegar son los medios de comunicación de masas, que no siendo verdaderos generadores de discursos, son imprescindibles para que se despierte el debate social y para que éste vaya ganando fuerza. El impacto real de las diferentes informaciones que difunden los medios de comunicación es un tema ampliamente discutido y relativizable como indicaremos más adelante cuando nos refiramos a las representaciones de la población. Sin embargo, la gran relevancia del papel de los medios de comunicación en la recreación de la percepción del riesgo y la seguridad es algo de que todos los actores creadores de discursos son conscientes y los utilizan para difundir sus discursos. La presencia de un agente, con intereses y discursos opuestos a los de otro, estimula la voluntad de trasladar a los medios de comunicación los debates sobre alimentos transgénicos.

El primer grupo de agentes a considerar cuando se desata el debate social es el que podríamos llama "comunidad científica". Es este un grupo en modo alguno homogéneo en sus opiniones, cuyas posiciones son a menudo ambiguas y contradictorias. Sus discursos relevantes se centran en la valoración de la existencia o no de riesgos de tipo sanitario o ambiental. Sin embargo, individualmente las posiciones van mucho más allá. Es necesario remarcar esto, pues aunque tal vez la ciencia ocupe un lugar específico en la gestión de riesgos, lo cierto es que el científico se posiciona implícitamente o explícitamente en aspectos de índole socioeconómica. Conviene preguntarse por qué un científico se posiciona como tal en la oportunidad o no de una moratoria, o del papel que pueden jugar en diferentes economías y se le ensalza una voz autorizada en estos temas cuando no lo es. Porque ello explica que muchas veces sean las voces que más se han dejado oír, poco representativas de la pluralidad de opiniones y de la variedad de enfoques disciplinarios que realmente existen dentro de las propias ciencias de la vida. Y es que también el papel de los científicos cobra un sentido preciso en una lógica específica.

Otro grupo relevante que se autoinvita pero al que también se le llama al debate son las organizaciones de consumidores, que bajo la bandera de la defensa de los derechos del consumidor introducen con fuerza algunas ideas en el debate. Más allá de la defensa de la inocuidad alimentaria, son las principales responsables de trasladar la idea del derecho a elegir de los consumidores, estrechamente ligada al tema del etiquetado. Sin embargo, cabe remarcar que los partidarios del "sí" y el "no" de los transgénicos, al recogerlas e interpretarlas, las reconducen hacia sus propias estrategias. Para los del "sí", es una vía de solución para seguir desarrollando con normalidad las aplicaciones biotecnológicas. Para los del "no", es una vía para sepultar para siempre estas aplicaciones, pues en un marco de distorsión es posible lograr, como ya se ha conseguido, una estigmatización de esos productos. A todo esto las organizaciones de consumidores raramente generan un posicionamiento más claro y la mayoría han pendulado fácilmente en sus posiciones según cual era el grado de agitación en cada momento.

Los otros consumidores de las aplicaciones también han tenido que posicionarse en el debate, estos son los sindicatos agrarios. Aquí los posicionamientos suelen ser más claros por afinidad a los discursos principales, así que según sea su fidelidad y adaptación a los modelos socioeconómicos dominantes, será una u otra la posición que adoptarán. Aquellos grupos que en cambio se encuentran en posiciones más ambiguas respecto a ellos, se ven sujetos a las mismas ambigüedades que afectan a las asociaciones de consumidores y varían al mismo ritmo y según la misma lógica que las anteriores.

Finalmente, aparecen las administraciones y las fuerzas políticas. Las instituciones públicas tienen el poder de decisión sobre las cuestiones relativas a la seguridad alimentaria, en un marco donde la dimensión pública que han alcanzado las "crisis alimentarias" éstas pueden incluso ser causa de dimisiones de ministros y de aprietos para diversos gabinetes de gobierno, motivo por el cual también se han incorporado en los momentos álgidos del debate social a los temas a tratar por el conjunto de grupos políticos. Las administraciones, en todos sus niveles, deben afrontar todas las puntas del debate: riesgos y beneficios, implicaciones socioeconómicas, satisfacción de los consumidores-electores..., y viven con intensidad la presión que este tema genera. Sus posiciones dependen pues en gran medida de las presiones del momento y también de las repercusiones políticas amplias de sus decisiones, por lo que sus posiciones han de ser necesariamente ambiguas y los criterios en que se basan sus decisiones pueden estar muy poco relacionados con esa percepción social que sin embargo quieren conocer.

Impactos sociales: a la búsqueda de los resultados deseados

A todo esto, ¿qué esperan los agentes de los consumidores? Ya hemos dicho que en nuestras sociedades, las responsabilidades reflexivas sobre todo tipo de cuestiones quedan normalmente adscritas en aquellas categorías profesionales a las que se atribuye una capacidad socialmente admitida de actuar sobre las mismas. Para los partidarios del sí, y también de hecho para los agentes que se incorporan en segundo orden, esa es la manera lógica de dirimir la cuestión y lo que pretenden es recuperar la confianza pasiva en los resortes que rigen la organización social. Así, el científico velará por la prevención de riesgos y la administración proveerá del marco jurídico adecuado en que deben desarrollarse esas aplicaciones. Las distorsiones producidas en el desarrollo de aquellas son para sus más fervientes defensores "irracionales" o "inapropiadas" y para el resto una situación que en mayor o en menor grado puede contribuir a mejorar y pulir las estrategias económicas de desarrollo y el control de riesgos. En cambio, los partidarios del "no" reclaman en primer lugar un papel activo del consumidor de rechazo, y en segundo lugar, una participación del consumidor como ciudadano para actuar activamente frente al desarrollo de las aplicaciones de la biotecnología, al menos, tal y como se vienen desarrollando.

Las actitudes relacionadas con el consumo alimentario ganan interés a medida que se empiezan a trazar correlaciones entre la actitud de los consumidores y los movimientos del mercado - y decimos que se empiezan a trazar, porque no siempre está demostrado que estas existan-. A medida que se cobra conciencia de las distorsiones que pueden recaer sobre la oferta alimentaria, muy particularmente tras las llamadas crisis alimentarias, agentes políticos y socioeconómicos comprueban que estas pueden ser de tal magnitud que pueden afectar mucho más allá de un producto en concreto, hasta todo un sector de producción -caso de las vacas locas- o en el desarrollo de una serie de toda una gama de productos alimentarios como en el caso de los OGM. Primero porque los alimentos son, por su papel, un objeto que fácilmente puede generar desconfianza. Segundo, porque las situaciones de desconfianza se vienen generando desde hace tiempo y tienen graves repercusiones en lo socioeconómico. El ejemplo de las vacas locas nos ilustra de cuatro estadios de confianza. Podríamos decir que amplias capas de la ciudadanía se encuentran en un estadio de confianza pasiva respecto a la mayoría alimentación: a pesar de la cantidad de discursos contradictorios, el menú alimentario se construye sin problemas y se confía en la inocuidad de los productos. Tras la difusión de la alarma sanitaria respecto al ganado vacuno, amplias capas de la población se trasladaron a un estadio de desconfianza pasiva, ya que abandonaron el consumo del producto. Nótese que no se trata de una cuestión de histeria o alarmismo, sino de desconfianza justificada por mensajes masivos que cuestionaban la inocuidad. Mas allá de ambos estadios, se encuentran los de desconfianza y confianza activas, cuyo significado sería no sólo la admisión sino también el ejercicio de la convicción en terceros o sobre amplias capas respecto a la confianza o no en la inocuidadde un producto. Elcasodelostransgénicosreproduceperfectamenteeste esquema, pues cuenta con una buena dosisdeagentesactivosenlageneraciónde confianza o desconfianza dispuestos a incidir en la población, que como en todos los casos parte de una situación de confianza pasiva.

Conclusiones generales

Entre los múltiples enfoques que son posibles en el análisis de las relaciones entre biotecnología y sociedad, creemos que el conocimiento de la interacción social nos proporciona elementos explicativos del como y por qué se construye la aceptación y el rechazo, la confianza y la desconfianza hacia los productos modificados genéticamente. Será imprescindible abordar a continuación la construcción individual de la percepción y de las actitudes, así como identificar los comportamientos que se derivan, mediante una aproximación etnográfica, pero eso es algo que no contemplo para esta comunicación.

Observando el estado actual del debate y la discusión del mantenimiento de la moratoria de facto de la Unión Europea, se constata que las aplicaciones agroalimentarias de la biotecnología van a seguir introduciéndose a un ritmo variable en forma de productos de consumo humano y animal, pero es socialmente interesante observarque esta evolución se ha visto discutida y seriamente frenada por actuaciones expresadas en diferentes ámbitos sociales, desde los movimientos sociales hasta las organizaciones políticas y gobiernos o de miembros de la comunidad científica. Lo es porque por un lado permite constatar que los procesos de decisión política se encuentran marcados de una manera real por muchos más ámbitos que las esferas de decisión y que existe en ellos una capacidad real de incidencia sobre aquellas. Pero también porque los resultados muestran los límites reales de contestación fuera de las mismas y ello se debe a que existen otros tantos ámbitos con una capacidad de incidencia superior.

A partir de las consideraciones expresadas, creemos pues reseñar algunas conclusiones relevantes:

1.Admitiendo que existen múltiples aproximaciones posibles al análisis de las relaciones entre biotecnología y sociedad, considero una de las más relevantes el análisis de la construcción de los debates y el estudio de las motivaciones de sus protagonistas, así como el de la forma que éste cobra a medida que se desarrolla y sus resultados objetivos.

2.Para ello es necesario establecer que factores son contextualizadores y delimitadores del debate. En este caso, nueva tecnología, dinámica económica y proceso de decisión en marco democrático son tres elementos que lo marcan con profundidad. Esos factores condicionan qué tipo de argumentos cobran visibilidad y ganan relevancia.

3.El surgimiento de un debate social obliga a considerar a otros agentes y consideraciones diferentes de las de los que participan en la toma de decisiones en situaciones equivalentes. De ahí que este proceso sea visto por parte de los dinamizadores de las aplicaciones de la biotecnología como una distorsión y la extrañeza de algunos agentes, como algunos miembros de la comunidad científica, ante el cuestionamiento de sus líneas de investigación o de la implementación de algunas aplicaciones.

4.Obsérvese que la relación entre la lógica del debate, la toma de decisiones y la actitud de los consumidores es muy difusa y discutible, pues estos son objeto de la instrumentalización por parte de todos los agentes para legitimar sus posiciones.

5.Las actitudes frente al consumo alimentario y frente a la biotecnología se encuentran relacionadas. Ambos ámbitos de análisis se enriquecen mutuamente y permiten establecer comparaciones útiles para la observación social y la comprensión de los comportamientos sociales, pero no debe abusarse en la trasposición de mecanismos explicativos, pues a pesar de esa relación, intervienen en este caso otras muchas consideraciones, algunas de las cuáles he intentado referir.



NOTAS:

[1] El mejor exponente con objeto crítico de estos contenidos es sin duda Jerome Rifkin, 1999: El siglo de la biotecnología. Barcelona: Crítica- Marcombo. Pero también son numerosas las construcciones utópicas mediante los beneficios de la biotecnología, firmemente expresadas mediante la promesa de acabar con el hambre en el mundo.

[2] Para una aproximación a esta última contraposición, Seralini, G.-E., 2000: Les OGM. Le vrai débat. Paris: Flammarion.

[3] Y ello a pesar de que innovación tecnología y crecimiento o aumento del bienestar no mantengan una relación directa -menos aun en la economía mundializada-.

[4] Debe remarcarse que el papel decisorio de estos agentes viene dado por su capacidad real de actuación, no por su legitimidad jurídica (excepto los agentes políticos), pues los científicos inventan las aplicaciones y los agentes económicos las dotan de valor en el mercado. Ningún otro agente tiene un papel equivalente en su relevancia.

[5] No discutiremos, sin embargo, que los medios de comunicación no cumplen en ocasiones con criterios de objetividad.


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