Para hablar de la alimentación actual en nuestra sociedad es necesario, en primer lugar, establecer las principales características de esta “alimentación actual”, o “modernidad alimentaria”.Si es posible hablar de una situación actual y diferenciarla de otras, es porque existen determinados elementos que la diferencian y le confieren especificidad. Se pueden destacar dos aspectos centrales: la abundancia alimentaria generalizada, junto a todos lo factores y mecanismos que la hacen posible, y la forma de organización económica que hacen de los alimentos esencialmente mercancías (Espeitx y Cáceres 2002). Una amplia disponibilidad de alimentos y un acceso generalizado -aunque diferenciado, sin duda- por un lado, y una forma concreta de organización política y económica, por el otro, dan forma, contenido y sentido a la alimentación actual. La disponibilidad de productos variados y diversifi cados se sustenta en las transformaciones de las técnicas de producción alimentaria y en las numerosas e importantes actividades económicas vinculadas a los productos alimentarios: la industria alimentaria es un poderoso negocio, también lo son la industria de la distribución o la hostelería; además, los productos alimentarios y los platos actuales son instrumentos -y no los menos efi caces- en el desarrollo del turismo y la promoción del territorio. Para decirlo simplemente, los alimentos -su producción, su distribución y su consumo- generan muchos beneficios, despiertan muchos intereses y son utilizados con diferentes objetivos. Este es el marco en el que deben pensarse e interpretarse los comportamientos. No solamente, sin embargo.
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